MURAL EN CENTENARIO-NEUQUEN ARGENTINA

MURAL EN CENTENARIO-NEUQUEN ARGENTINA
Equipo de muralisas Luis Nichela, Silvana Nichela, Mauro Rosa y Mauricio Barreto

19 may 2011

Las palabras



“Así tambien, la lengua es un miembro pequeño,
 y sin embargo hace grandes alardes.
¡Miren!¡Con cuán pequeño fuego
se incendia tan grande bosque”
Santiago 3:5


Las palabras que nos lanzamos como cuchillos
Cortan el aire de la madrugada.
(Esa hora fatal para los encuentros,
Experta en desentrañar heridas).

Palabras que se cruzan.
Palabras que se encuentran.
Palabras que se enfrentan.
Palabras que se rozan.

Las palabras dolieron plenamente
Encontrando caminos muy secretos.
Han llegado profundo en el espíritu.
Han calado hondo, hasta los huesos.

Palabras certeras.
Palabras dolientes.
Palabras hirientes.
Palabras arteras.

¡Ay! Si no existieran las palabras
Hubiéramos, de todos modos,
Encontrado la manera
De darnos puñaladas.

Hilde Karinna Ghiselli

28 abr 2011

Izquierdoderecho


Mi lado derecho
Es frío, duro, organizado.
Gobierna mi vida y mis actos
De una manera precisa y ordenada.
Cruza las calles por las esquinas,
Firma papeles rimbombantes,
Anota resultados en planillas,
Plancha, cose lava y pinta.

Mi lado izquierdo,
En cambio,
Hace lo que se le da la gana:
Dibuja soles imposibles,
Patea la pelota para cualquier lado,
Suelta las riendas
En el momento de mayor esfuerzo
Y tropieza a cada instante contra nada.

¡Qué contraste, Señor, este cuerpo!
Cálido – frío,
Blanco – negro,
Oscuro – claro.
Pero auque parezca imposible
Logra por instantes un acuerdo
Y consigue llevarme a todos lados.

Hilde Karinna Ghiselli

20 abr 2011

NANA DEL BASURAL





































Duerme mi niño oscuro
De patitas flacas,
Mocos colgando
Y manos paspadas.



Mi niño tierno
De golpeada espalda,
Sonrisa torva
Y ojos sin esperanza.






Juega, mi niño, juega
Que el basural te traga
Entre las moscas
Y los gusanos
Encuentra, mi pequeñito
Un trozo de infancia.

Canta, mi sueño, canta
Esa canción de desesperanza.
Porque mientras
Los grandes roban
Duerme mi ángel
Con dolor de panza.

Hilde Karinna Ghiselli

20 mar 2011

Casillas



Una musa disfrazada de paloma quiso entrar en mis pensamientos pero chocó con la ventana recién limpita. Murió en un suspiro –poema.
Yo sabía que no debía poner orden en los armarios, porque en “mente cerrada no entran musas”
  • Hilde Karinna Ghiselli

31 ene 2011

FUGAZ

 

                 ¡OH! RELOJERO ;
                        ARTESANO
                  MAESTRO DE LAS
                      AGUJAS Y EL
                          PENDULO,

                   ¡QUE PRIVILEGIO!

                         HACER LATIR
                          EL CORAZON
                          DEL TIEMPO!!

                                   MIRTA STAGNARO
                                           18/01/2011

29 ene 2011

EL SALTO


 
Una masa oscura surge repentinamente atravesando la bruma. Se acerca rápidamente creando remolinos en la niebla sempiterna. Pasa muy cerca de la costa y, pocos minutos después, vuelve a ser engullida por el manto gris.
Las miradas se encuentran fugazmente. No hay tiempo para palabras o gestos; solo ojos que se miran a través del espacio que los separa.
Todo pasa velozmente. El silencio vuelve a apoderarse de la masa rocosa


-                     ¿Dónde estabas?
-                     En el acantilado
-                     ¡Otra vez! ¿No hablamos ya respecto al peligro?
-                     ¡Si, mamá! No te preocupes, tengo cuidado
-                     No sé que le ves. ¡Todos las semanas lo mismo! El paso de La Isla ya no le llama la atención a nadie, ecepto a vos.
-                     Contame de nuevo como fue. ¡Debió ser tan emocionante!
-                     Antes la tierra estaba fija. Los continentes o las islas no se movían. Pero los científicos comenzaron a experimentar con bombas debajo de la superficie y produjeron alteraciones irreversibles en el manto. Como resultado la tierra se fragmentó en millones de islotes flotantes. La composición del agua cambió impidiendo que se hundiesen, pero imposibilitando la navegación y convirtiéndolas en trampas mortales. Los movimientos insulares producidos por los movimientos magmáticos se volvieron regulares, pero la marea provocada por las corrientes electromagnéticas impidieron la navegación aérea y las telecomunicaciones. Así, cada isla quedó aislada de las demás y los sobrevivientes tuvimos que resignarnos y empezar de cero.
-                     Me fascina escucharte. ¿no se pudo establecer ningún tipo de comunicación con las demás islas?
-                     Muy raramente, mediante señales luminosas en código Morse. Pero no mucho… Bueno. Cambiemos de tema que este me pone mal.
-                     Yo te ayudo con tu trabajo, Ma. Pero no te pongas mal


Los ojos negros buscan a los verdes en la penumbra; ébano y esmeralda congelados en el minuto del paso. Casi tocándose, pero a eónes de distancia.
Un temblor sacude el aire; más profundo que el mar, más intenso que el oleaje que azota las costa.
La bruma vuelve a cubrirlo todo.


-                     Ma…
-                     ¿Si, hija?
-                     ¿qué distancia hay entre nuestra isla y la de enfrente?
-                     No sé. En el momento en que más se acercan deben ser unos ocho o diez metros. ¿Por qué lo preguntás?
-                     Nada. Solo pensaba.
-                     Estas muy rara vos.
-                     No te preocupes. Estoy bien.
-                     Esperemos que así sea.
La Isla de Enfrente presenta fiordos verticales que terminan en agudas rocas dentadas. Aquí y allá asoman algunas repisas aisladas entre los desfiladeros.
Los ojos siguen allí: firmes, anhelantes, inmóviles. Pasan en un segundo dejando un vacío de niebla tras de si.


El corazón le late frenéticamente mientras se aferra a la roca. La masa rocosa  surge de entre la bruma y se acerca rápidamente.
Ya no hay vuelta atrás. El miedo compite con el amor mientras su cuerpo tiembla espasmódicamente. A lo lejos oye el llamado desesperado de su madre. “Encontró la carta”, piensa, alejando solo un momento su atención del objetivo: un segundo antes o después serán fatales, tiene cinco metros para la carrera y un metro y medio para aterrizar.
El fragor se vuelve alucinante.
Toma aire…
¡Salta!.
Siente su cuerpo ingrávido por un segundo. Un instante después lucha tenazmente por aferrarse a la roca. “No lo lograré”, piensa antes de sentir unas manos aferrándola. Sigue la extensión de los brazos para descubrir esmeraldas que la miran llenas de admiración.
Se abrazan fuertemente y se funden en un beso largamente ansiado.
Ella mira hacia atrás, hacia su isla, pero la bruma ya lo ha cubierto todo.

KARINNA GHISELLI

25 abr 2010

VIOLETA

Un profundo y encantador aroma a Violetas, así era ella, o eso creo recordar. Su piel suave, sus manos tibias acariciando mis mejillas. Una flor todos los días, a cambio de su sonrisa; luz.
Pero algo ocurrió con la llegada del otoño. Algo fue sucediendo, algo que no pude prever, algo que me fue tomando de a poco, y hoy… ya no recuerdo más que tus ausencias.
En las noches estiraba mi brazo deslizándolo por las sábanas, pero a partir de marzo, empezaron a ser cada vez menos las veces que mi mano encontraba tus dedos. Ahí sentí por primera vez tu ausencia. Al lado tuyo, en la misma cama.
Y sucedió que un día, ya en abril, desperté en la mañana, y vos habías salido a trabajar temprano. Y como ese día hubo otros. Me levantaba y encontraba un jugo de naranja y tostadas frías en la mesa de la cocina.
En la noche empezaste también a llegar tarde, y traías comida preparada; casi no comías. Yo te miraba callado; aún tu sonrisa. Era todo lo que necesitaba. Te miraba a los ojos y no podía evitar pensar en el único poema de Neruda que conocía… me gusta cuando callas… Tu sonrisa, mi luz. Y en el cuarto, tu perfume a violetas, invisible pero revelador: vos a mi lado.
Con la llegada del invierno los días se fueron acortando, y a veces despertaba al amanecer y ya no estabas, y en la cocina solo encontraba una nota, sin jugo y sin tostadas: un beso, llegarías tarde. El papel guardaba, todavía esos días, un aroma a violetas; sutil, impalpable. Al llegar, tarde en la noche, tu sonrisa me tranquilizaba. Aún me amabas.
Hasta que un día de julio me quedé despierto hasta tarde, esperando que llegaras, pero el sueño me ganó y tuve que irme a dormir solo. Tu ausencia, implacable. Solo el chillido agudo y disimulado, y un aroma a violeta casi imperceptible, me revelaron que habías entrado en el cuarto. Pero al despertar ya no estabas.
En agosto ya solo te sentabas a cenar algunas pocas veces, y ya no me hablabas. Al levantar la mesa tu plato seguía casi lleno. La cama empezó a quedarme ancha, como si de pronto me hubiese hecho pequeño, diminuto. Y por los rincones del cuarto buscaba desesperado algún resquicio de ese aroma dulce, pero apenas creía sentir algo que enseguida se esfumaba. Aroma a nada. Ausencia.
Finalmente una noche no volviste. Desperté al alba sin que hubieras regresado. Pero sentí algo, no era un aroma, era olor. Olor a algo en descomposición. Seguí los rastros y llegué a la cocina, y sobre la mesada, descubrí horrorizado un florero con agua podrida, y en el suelo cientos de flores marchitas que junté llorando. Conté veinte docenas. Doscientos cuarenta días habían pasado desde que habíamos vuelto de nuestra luna de miel, en febrero.

A veces cocino para los dos, y busco en el aire, en alguna parte, tu sonrisa, que no está. Y con el tiempo que ha pasado, no se si la cara que recuerdo es la tuya o si es una cara que vi en otro lado, en una revista, o en la tele… cierro los ojos y aspiro hacia adentro. Pero olvidé cómo sabía el aroma a violetas. Y la casa está repleta de un vacío enorme, de lo único que recuerdo de vos; tu ausencia.

Santiago Clèmentt- Taller literario biblioteca Chacras de Coria, Mendoza